Puede que los precios estén subiendo por todas partes, la vivienda esté más cara y la inflación haga que enfrentarse a las facturas a veces sea una pesadilla. Sin embargo, el deseo de viajar siempre está ahí, como un sentimiento latente que de vez en cuando pega fogonazos y te recuerda lo genial que es coger un avión y descubrir un nuevo rincón en cualquier parte del mundo.

